16 ago. 2017



El Espíritu Santo en la oración de Cristo y del hombre.

Enseñanzas de SS Juan Pablo II sobre la Oración.

Por: SS Juan Pablo II | Fuente: Camino de María 


"¿Qué es la oración? Comúnmente se considera una conversación. En una conversación hay siempre un «yo» y un «tú». En este caso un Tú con la T mayúscula. La experiencia de la oración enseña que si inicialmente el «yo» parece el elemento más importante, uno se da cuenta luego de que en realidad las cosas son de otro modo. Más importante es el Tú, porque nuestra oración parte de la iniciativa de Dios...." . (Cruzando el umbral de la Esperanza, Cap.II)

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"...El Papa reza tal como el Espiritu Santo le permite rezar. Pienso que debe rezar de manera que, profundizando en el misterio revelado en Cristo, pueda cumplir mejor su ministerio. Y el Espíritu Santo ciertamente le guía en esto. Basta solamente que el hombre no ponga obstáculos. «El Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra debilidad, porque ni siquiera sabemos qué nos conviene pedir, pero el Espíritu mismo intercede con insistencia por nosotros, con gemidos inefables» (San Pablo, Carta a los Romanos. 8,26). (Cruzando el umbral de la Esperanza, Cap III)

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"La oración es una búsqueda de Dios, pero también es revelación de Dios. A través de ella Dios se revela como Creador y Padre, como Redentor y Salvador, como Espíritu que «todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios» (1 Corintios 2,10) y, sobre todo, «los secretos de los corazones humanos» (cfr. Salmo 44(43),22). A través de la oración, Dios se revela en primer lugar como Misericordia, es decir, como Amor que va al encuentro del hombre que sufre. Amor que sostiene, que levanta, que invita a la confianza. La victoria del bien en el mundo está unida de modo orgánico a esta verdad: un hombre que reza profesa esta verdad y, en cierto sentido, hace presente a Dios que es Amor misericordioso en medio del mundo." (Cruzando el umbral de la Esperanza, Cap IiI)

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"Duc in altum!" La llamada de Cristo resulta especialmente actual en nuestro tiempo, en el que una difusa manera de pensar propicia la falta de esfuerzo personal ante las dificultades. La primera condición para "remar mar adentro" requiere cultivar un profundo espíritu de oración, alimentado por la escucha diaria de la Palabra de Dios.

La auténtica vida cristiana se mide por la hondura en la oración, arte que se aprende humildemente "de los mismos labios del divino Maestro", implorando casi, "como los primeros discípulos: ‘¡Señor, enséñanos a orar!’ (Lc 11, 1). En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: ‘Permaneced en mí, como yo en vosotros’ (Jn 15, 4)" (Novo millennio ineunte, 32).

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La orante unión con Cristo nos ayuda a descubrir su presencia incluso en momentos de aparente desilusión, cuando la fatiga parece inútil, como les sucedía a los mismos apóstoles que después de haber faenado toda la noche exclamaron: "Maestro, no hemos pescado nada" (Lc 5, 5). Frecuentemente en momentos así es cuando hay que abrir el corazón a la onda de la gracia y dejar que la palabra del Redentor actúe con toda su fuerza: "Duc in altum!" (cfr. Novo millennio ineunte,38).(Juan Pablo II. 11 de agosto de 2004. Punto nro. 2 del Mensaje para la XLII JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

1. EL ESPÍRITU SANTO EN LA ORACIÓN DE CRISTO
2. LA ORACIÓN DE JESÚS
3. ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS AL PADRE
4. JESÚS ENSEÑA A ORAR A SUS DISCÍPULOS
5. LA ORACIÓN DE MARÍA EN EL MAGNÍFICAT
6. CONTEMPLAR A CRISTO CON MARÍA
7. MEDITAR CON MARÍA LOS MISTERIOS DE LA VIDA
8. NATURALEZA DEL CULTO A MARÍA
9. ¿QUÉ ES LA ORACIÓN? ¿CÓMO HACERLA?
10. JESUCRISTO ES NUESTRO CAMINO
11. DIOS ES EL PROTAGONISTA EN LA ORACIÓN


Santo Evangelio 16 de agosto 2017



Día litúrgico: Miércoles XIX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 18,15-20): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».


«Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él (...) donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»
Rev. D. Pedro-José YNARAJA i Díaz 
(El Montanyà, Barcelona, España)


Hoy, en este breve fragmento evangélico, el Señor nos enseña tres importantes formas de proceder, que frecuentemente se ignoran.

Comprensión y advertencia al amigo o al colega. Hacerle ver, en discreta intimidad («a solas tú con él»), con claridad («repréndele»), su equivocado proceder para que enderece el camino de su vida. Acudir a la colaboración de un amigo, si la primera gestión no ha dado resultado. Si ni aun con este obrar se logra su conversión y si su pecar escandaliza, no hay que dudar en ejercer la denuncia profética y pública, que hoy puede ser una carta al director de una publicación, una manifestación, una pancarta. Esta manera de obrar deviene exigencia para el mismo que la practica, y frecuentemente es ingrata e incómoda. Por todo ello es más fácil escoger lo que llamamos equivocadamente “caridad cristiana”, que acostumbra a ser puro escapismo, comodidad, cobardía, falsa tolerancia. De hecho, «está reservada la misma pena para los que hacen el mal y para los que lo consienten» (San Bernardo).

Todo cristiano tiene el derecho a solicitar de nosotros los presbíteros el perdón de Dios y de su Iglesia. El psicólogo, en un momento determinado, puede apaciguar su estado de ánimo; el psiquiatra en acto médico puede conseguir vencer un trastorno endógeno. Ambas cosas son muy útiles, pero no suficientes en determinadas ocasiones. Sólo Dios es capaz de perdonar, borrar, olvidar, pulverizar destruyendo, el pecado personal. Y su Iglesia atar o desatar comportamientos, trascendiendo la sentencia en el Cielo. Y con ello gozar de la paz interior y empezar a ser feliz.



En las manos y palabras del presbítero está el privilegio de tomar el pan y que Jesús-Eucaristía realmente sea presencia y alimento. Cualquier discípulo del Reino puede unirse a otro, o mejor a muchos, y con fervor, Fe, coraje y Esperanza, sumergirse en el mundo y convertirlo en el verdadero cuerpo del Jesús-Místico. Y en su compañía acudir a Dios Padre que escuchará las súplicas, pues su Hijo se comprometió a ello, «porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20).

¿Tiens miedo? ¡Reza!



¿TIENES MIEDO? ¡REZA!

Por Javier Leoz

Las Hermanas de Teresa de Calcuta se quejaban a su madre fundadora de que no llegaban, con su esfuerzo, en la atención a los enfermos y moribundos. ¿Qué hacemos, madre? Y, Teresa de Calcuta respondió: “una hora más de adoración al Santísimo”.

1. Había quedado atrás aquel milagro espectacular de la multiplicación de los panes y de los peces. Los discípulos, sin pensárselo dos veces, subieron a la barca invitados por Jesús. Con aquel Señor que cumplía lo que decía, que multiplicaba a miles, panes y peces, merecía la pena ser seguido y obedecido.

Pero, como en las películas, en el seguimiento a Jesús hay escenas de miedo. Momentos donde parece detenerse la felicidad. Instantes que uno quisiera pasar rápidamente para llegar al final cuanto antes.

Los discípulos se embarcaron en aquella aventura que Jesús les sugirió. Pronto nacieron las dificultades. Las aguas turbulentas, el mar violento les hizo comer su propia realidad: seguir a Jesús no implica vivir al margen de las pruebas, de los sufrimientos o de los temores. Eso sí, vivir con Jesús, aporta la fortaleza y serenidad necesarias para seguir adelante y para que nunca, las zancadillas, sean mayores que nuestra capacidad para sortearlas.

2. Uno, cuando es creyente convencido (no solo bautizado) pone sus afanes no solamente en la exclusividad de sus fuerzas y carismas. Jesús, aun siendo Hijo de Dios, necesitaba de ese “tú a tú” de la oración. Escogía espacio y tiempo, lugares y silencio para un coloquio con Dios.

A Jesús, en su experiencia de Getsemaní, se le diluyeron los miedos y las ganas de renunciar a su misión, por el contacto íntimo con Dios. ¿No será que nuestras fragilidades y cobardías son fruto de nuestra deficitaria comunión o comunicación con el Señor?

¡No tengáis miedo! Nos dice el Señor en este domingo. En pleno verano y con un sol de justicia, buscamos sombrillas y lociones que nos hagan más llevadero el tórrido calor. Tenemos miedo a quemarnos y miedo al dolor. La fe, cuando está sólidamente fundamentada y enganchada en Jesús, es la mejor sombrilla y la mejor loción que podemos utilizar para evitar quemaduras en el alma y sonrojo en el rostro.

Estamos en unos tiempos donde hemos de saber contemplar la presencia de un Dios que nos está tensando un poco. Que está purificando nuestro discipulado. Nuestra pertenencia a su pueblo.

Hoy, como Pedro, gritamos aquello de ¡Señor, sálvame! Dejemos un margen de confianza al Señor. Lancémonos a las aguas de nuestro mundo sin miedo a ser engullidos por ellas. Si, el Señor va por delante, tenemos las de ganar. Él es el dueño de la barca. El sentido de nuestra historia. El fin de nuestra oración y de nuestra entrega. En el silencio aparente, en la ausencia dolorosa es donde hemos de aprender a buscar y a ver el rostro del Señor que, un domingo más y en pleno verano, nos grita: ¡Animo soy yo, no tengáis miedo!

15 ago. 2017

Santo Evangelio 15 de agosto 2017



Día litúrgico: 15 de Agosto: La Asunción de la Virgen María

Texto del Evangelio (Lc 1,39-56): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.


«Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador»
P. Abad Dom Josep ALEGRE Abad de Santa Mª de Poblet 
(Tarragona, España)


Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de Santa María en cuerpo y alma a los cielos. «Hoy —dice san Bernardo— sube al cielo la Virgen llena de gloria, y colma de gozo a los ciudadanos celestes». Y añadirá estas preciosas palabras: «¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este gesto maravilloso de amistad —que es dar y recibir— se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los hombres».

El primer don que te prodiga es la Palabra, que Ella supo guardar con tanta fidelidad en el corazón, y hacerla fructificar desde su profundo silencio acogedor. Con esta Palabra en su espacio interior, engendrando la Vida para los hombres en su vientre, «se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1,39-40). La presencia de María expande la alegría: «Apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno» (Lc 1,44), exclama Isabel.

Sobre todo, nos hace el don de su alabanza, su misma alegría hecha canto, su Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador...» (Lc 1,46-47). ¡Qué regalo más hermoso nos devuelve hoy el cielo con el canto de María, hecho Palabra de Dios! En este canto hallamos los indicios para aprender cómo se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, y llegar a responder como Ella al regalo que nos hace Dios en su Hijo, a través de su Santa Madre: para ser un regalo de Dios para el mundo, y mañana un regalo de nuestra humanidad a Dios, siguiendo el ejemplo de María, que nos precede en esta glorificación a la que estamos destinados.

Se va...pero deja un camino



SE VA… PERO DEJA UN CAMINO

Por Javier Leoz

Amigos; estamos celebrando una de las grandes fiestas de nuestra vida cristiana: LA ASUNCIÓN DE MARIA… LA ASCENCIÓN DE LA VIRGEN. ¡Media España y medio mundo, eleva sus ojos al cielo! ¡Allá, en lo más alto, se abre una ventana para que, a través de ella, pase la Madre del mismo Dios! ¡María!

1. ¡Qué bien nos viene, la imagen de los juegos olímpicos para centrar esta fiesta! ¿Qué es lo que buscan o pretenden los atletas o los deportistas, los países que participan? Competir para ganar. Subir al pódium y con cuantas medallas más y mejor.

Pues mirad esta festividad de la Asunción, me atrevería a decir, es la gran medalla que DIOS da a la Virgen por haber estado ahí, por haber corrido hasta el final, por haber permanecido fiel, por no haber humillado –y esta es la diferencia con los juegos olímpicos- al adversario sino al revés: HABERSE HUMILLADO PARA QUE DIOS HICIERA QUE ELLO QUE TENIA PENSADO

Hoy es el día en que DIOS eleva a la Virgen en el pódium del cielo; le abre sus puertas, la sienta a su lado por haber jugado en limpio con sencillez y obediencia, con pobreza y humildad, con pureza y con disponibilidad…

2. No me extraña que miles de pueblos, parroquias, catedrales, ermitas, hombres y mujeres, continentes, la tengan como punto de referencia en sus vidas. La suerte que tuvo Ella la queremos tener nosotros.

--Si Ella en este día subió a los cielos; nosotros también estamos llamados a juntarnos con la Madre en ese mismo lugar

--Si Ella permaneció hasta el final FIEL a sus principio; que nosotros no los perdamos. La fiesta de la Asunción es precisamente eso: NO PERDER EL NORTE…NO DEJAR QUE NADIE VULGARICE NUESTRA VIDA.

3.- Hoy se habla mucho de la desmotivación que existe en la juventud. De cómo se queman etapas antes de tiempo; ¿pasará dentro de unos años cuando hay tanta ausencia de ideales? Yo tengo una respuesta: TENEMOS QUE LLENAR DE NUEVO DE FONDO A LAS PERSONAS. TENEMOS QUE REARMARLAS DE NUEVO. REHACERLAS DE NUEVO….ante este mundo que lo único que pretende a veces es que miremos exclusivamente a la tierra y nos olvidemos de esos otros valores que emergen del cielo, de esa fuente de felicidad y de fortaleza que nos viene de la FE EN DIOS.

4.- Por ello, en este 15 de agosto, miles, millones de personas, salimos a la calle y acudimos a la Liturgia esplendorosa y triunfal de la Asunción. Con esa intencionalidad, sobre los hombros de muchos cristianos, paseamos y la subimos –para que la Virgen toque un poco con su mano el cielo- sobre nuestros hombros.

Por ello, en este día de gloria, de premio y de gratificación por parte de Dios a la Virgen María, soñamos también con el nuestro: Ella participó en el plan de Dios y, nosotros, si lo hacemos de la misma manera…entraremos por el mismo pórtico por el que María es recibida en medio de cánticos, trompetas y sonrisas celestiales.

5.- Hoy DIOS se la lleva a su lado…porque su cuerpo no puede corromperse en la tierra. Pero todos, tú y yo, nosotros…la tenemos en el corazón pese a quien pese y caiga quien caiga. Pues mirar al cielo y tener fe….conlleva un triunfo; no son las medallas de oro y de plata de los juegos olímpicos, es la alegría de ver un día cara a cara a los nuestros y ver frente a frente el rostro de Cristo de Dios, del Espíritu y de María Virgen. Amén.

14 ago. 2017

Santo Evangelio 14 de agosto 2017



Día litúrgico: Lunes XIX del tiempo ordinario

Santoral 14 de Agosto: San Maximiliano Mª Kolbe, presbítero y mártir

Texto del Evangelio (Mt 17,22-27): En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará». Y se entristecieron mucho. 

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?». Dice él: «Sí». Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?». Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti».


«Yendo un día juntos por Galilea»
P. Joaquim PETIT Llimona, L.C. 
(Barcelona, España)


Hoy, la liturgia nos ofrece diferentes posibilidades para nuestra consideración. Entre éstas podríamos detenernos en algo que está presente a lo largo de todo el texto: el trato familiar de Jesús con los suyos.

Dice san Mateo que Jesús y los discípulos iban «yendo un día juntos por Galilea» (Mt 17,22). Pudiera parecer algo evidente, pero el hecho de mencionar que iban juntos nos muestra cómo el evangelista quiere remarcar la cercanía de Cristo. Luego les abre su Corazón para confiarles el camino de su Pasión, Muerte y Resurrección, es decir, algo que Él lleva muy adentro y que no quiere que, aquellos a quienes tanto ama, ignoren. Posteriormente, el texto recoge el episodio del pago de los impuestos, y también aquí el evangelista nos deja entrever el trato de Jesús, poniéndose al mismo nivel que Pedro, contraponiendo a los hijos (Jesús y Pedro) exentos del pago y los extraños obligados al mismo. Cristo, finalmente, le muestra cómo conseguir el dinero necesario para pagar no sólo por Él, sino por los dos y no ser, así, motivo de escándalo.

En todos estos rasgos descubrimos una visión fundamental de la vida cristiana: es el afán de Jesús por estar con nosotros. Dice el Señor en el libro de los Proverbios: «Mi delicia es estar con los hijos de los hombres» (Prov 8,31). ¡Cómo cambia, esta realidad, nuestro enfoque de la vida espiritual en la que a veces ponemos sólo la atención y el acento en lo que nosotros hacemos, como si eso fuera lo más importante! La vida interior ha de centrase en Cristo, en su amor por nosotros, en su entrega hasta la muerte por mí, en su constante búsqueda de nuestro corazón. Muy bien lo expresaba san Juan Pablo II en uno de sus encuentros con los jóvenes: el Papa exclamó con voz fuerte «¡Miradle a Él!».

Buscad al Señor con alegría



Buscad al Señor con alegría

La oración no se hace sólo con la cabeza. Se hace sobre todo con el "corazón".

Por: Pedro Finkler | Fuente: www.abandono.com 

Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando sus manos puras, sin ira ni discusiones (1 Tim 2,8).

Todo cuanto se lee o se oye respecto al Señor sólo puede comprenderse y servir de provecho en la medida en que se convierte en diálogo con el Señor. El único modo de sintonizar con la palabra de Dios es meditarla en lo íntimo del corazón. Aquí está el punto crucial que explica el hecho de que unos comprendan fácilmente lo que es orar mientras que otros no pueden entenderlo. La comprensión de las cosas del espíritu se hace posible en la medida en que se espiritualiza el sujeto. El saber es siempre de verdad el fruto de un descubrimiento. Este se lleva siempre a cabo a través de unas experiencias.

El problema de la oración no debe tratarse como algo abstracto. Es una cuestión de amor. Sólo puede comprenderse entonces en ese nivel. La disponibilidad para ese amor sin el que la oración es algo imposible puede muy bien aprenderse en la escuela de María. Nadie fue más generoso, más sencillo y más disponible que ella para dar un auténtico sí al Señor. Amar es la disponibilidad permanente para decir sí a las sucesivas invitaciones del Señor a su amor.

El sentido de la vida, como todas las demás cosas, se descubre por la experiencia. Si existo, es porque alguien me ama y me ha indicado el camino que tengo que seguir: realizarme en el amor y por el amor y construir la historia junto con los demás seres humanos. Nuestra vocación de cristianos y de religiosos consiste, por tanto, en insertarnos en el plan de salvación de Cristo. El sueño del Señor al llamarnos a la vida espiritual fue que nos transformásemos en una señal visible de su amor a los hombres.

Rezar no es solamente pensar cosas edificantes respecto a Dios, respecto a la Virgen...; no es tener sólo sentimientos piadosos y palabras bonitas; no es sólo reflexionar con atención sobre las verdades sagradas. Rezar es, sobre todo, vivir una realidad de la gracia; es estar consciente de la constante presencia del Señor en nuestra vida y abrirnos por completo a ella. Orar es creer en este misterio insondable.

Orar no es tampoco contemplar mentalmente una verdad teológica. Es vivir simplemente la presencia de alguien con un don precioso recibido gratuitamente. Con humildad y con modestia. Sin pretensiones. Sentir que pertenecemos a alguien que nos quiere sólo para él. Esta misteriosa presencia no es fantasía. Es una realidad sorprendente a la que nos adherimos con toda la fuerza de nuestra fe lúcida y encarnada como una convicción infantil ingenua e inocente.

La oración no se hace sólo con la cabeza. Se hace sobre todo con el "corazón". De la misma manera que el amor, la oración es más sentimiento que pensamiento. Pensamos generalmente en cosas del pasado o del futuro. La emoción y el sentimiento están más bien relacionados con el presente.

El tiempo pasado es para recordar. El tiempo futuro, para planear. Estas dos actividades pueden tener ocasionalmente su importancia. Pero la oración es vivencia. "Para tener éxito en la vida de oración es decisivo desarrollar la capacidad de entrar en contacto con el presente y permanecer en él". Por consiguiente, para orar es necesario dejar de pensar para darse cuenta o para vivenciar conscientemente los hechos de la vida presente.

Pensar es una actividad fatigosa. Es trabajo mental. La oración es vivencia que tiene lugar en el terreno de la emoción, del sentimiento, como el amor, la intuición, la sensación... El pensamiento, el raciocinio, el cálculo, etc., son actividades que sólo indirectamente influyen en el modo de ser humano. Generalmente, no cambian nada en el hombre. La calidad de nuestro ser no depende de lo que pensamos, sino de lo que sentimos. Únicamente por eso lo que sentimos, vivenciamos o experimentamos tiene el poder de transformarnos.

Orar no consiste en esforzarse por ir al encuentro del Señor. Es vivencia de apertura, de acogida y de espera... El Señor no está esperándonos; está siempre ahí, junto a nosotros. Pide y suplica que le prestemos atención, que le escuchemos, que no le demos la espalda, que lo acojamos... Nuestra respuesta a su incesante invitación es una acogida.

Empecé mi libro sobre la oración -Cuando el hombre ora . . . - afirmando que "cuando el hombre ora, algo cambia en él y en su ambiente". Esto es relativamente fácil de entender cuando recordamos que orar es estar en relación con Dios. Siempre que dos personas se relacionan de un modo más profundo tienen lugar ciertos cambios en la situación en que viven. Para que la comunicación sea constructiva para los protagonistas, es necesario que ambos acepten a priori las consecuencias de esa comunicación. Las más importantes de esas consecuencias son: los cambios que cualquier comunicación lleva consigo, la necesidad de aceptar el misterio que revela, la urgencia de respetar la libertad y el modo original de ser del otro, el descubrimiento del modo de ser de la propia libertad interna, la revelación de las características de su personalidad, de su propia ignorancia...

La oración vocal bien hecha nos puede revelar la realidad viva de Jesucristo. Realidad simultáneamente profunda y sublime que jamás llegamos a entender. Es misteriosa. Cuanto más profundamente conocemos a un amigo, tanto más misteriosa se hace a nuestros ojos. La palabra humana nos revela algo del misterio de las cosas. La palabra de Dios nos revela la inconmensurable grandeza de aquel que la pronunció.

Orar es esencialmente consentir en la gracia. Es responder a la invitación del Señor: "Aquí estoy, Señor, a tu disposición; haz de mí lo que quieras". Nadie llega a orar únicamente por el esfuerzo personal. Todo lo que hacemos por nosotros mismos para orar no pasa de ser una señal de buena voluntad, que siempre es muy bien acogida por Dios. El espera esta señal. Es la condición para que él pueda hacer algo que nos ayude a descubrir la oración.

El esfuerzo personal para rezar consiste esencialmente en una actitud voluntaria de silenciosa atención y escucha. Cuando nos disponemos para la oración personal, es aconsejable no escoger de antemano el tipo de oración que vamos a hacer. Es preferible empezar siempre por fijar silenciosamente la atención en la presencia del Señor que nos acoge amablemente. Una vez creado ese clima de amorosa presencia junto al Señor, seguir ocupándose de él de la forma más espontánea posible de acuerdo con la disposición y la inspiración del momento. Orientarse por aquello que se puede percibir en la intimidad de la conciencia. Allí es donde se manifiesta con mayor claridad aquello que el Señor espera de nosotros. Muchas veces el Señor no nos pide más que permanezcamos amorosamente en su presencia. Esto es ya contemplación, que, ciertamente, produce una mayor unión con Dios que muchos piadosos pensamientos respecto a él o que la recitación de textos hermosos. Sin embargo, la oración vocal también es, ciertamente, un precioso tipo de oración.

Para entrar en el clima de oración hay que servirse de los medios que más nos pueden ayudar. Esos medios pueden escogerse entre las diversas técnicas psicológicas más o menos especializadas de iniciación en esas prácticas tan útiles. Lo esencial de esas técnicas siempre consiste en la búsqueda de simplicidad y de autenticidad.

El grado de fidelidad a la oración indica el grado de autenticidad de vida de un religioso. Un elevado espíritu de oración es la actitud personal necesaria para que Dios pueda manifestarse al hombre. Y esa manifestación sólo puede realizarla el Señor por medio del amor. Únicamente un gran amor a Dios nos permite comprender y aceptar creativamente los grandes valores de la vida cristiana y religiosa.

Tan sólo la experiencia de un verdadero amor a Dios puede enseñar al hombre a descubrir el rostro del Señor en el corazón de los hermanos. La verdadera caridad fraterna nace del amor al Señor. Las dificultades de relación interpersonal encuentran su explicación más profunda en la relación defectuosa del hombre con Dios. El hombre de oración establece una excelente relación de diálogo con el Señor. En la vida práctica de esa persona, el aprendizaje de una buena relación con el Señor se transfiere espontáneamente a su relación interpersonal con los hombres. Por consiguiente, es innegable que el remedio de tantos conflictos humanos es la vuelta a la oración, a la contemplación. ¿No será esto precisamente lo que tantos jóvenes desilusionados de hoy andan buscando cuando corren detrás de gurús carismáticos que prometen una relación más profunda con el Absoluto? Un absoluto existencial y nada más. Pero el cristianismo ofrece la posibilidad de satisfacer mucho mejor ese deseo profundo del hombre a través de la experiencia de auténtica oración contemplativa. En ésta, el hombre entra en comunicación directa no con una entidad abstracta o con un simple absoluto existencial disfrutado de un modo más o menos egocéntrico. Al contrario, la auténtica oración profunda permite al hombre establecer una verdadera relación interpersonal con la persona de Jesucristo. De acuerdo con la revelación que Dios nos ha hecho de sí mismo, él está espiritualmente presente en la vida de cada uno de los hombres de modo concreto y real, aunque imperceptible a los sentidos exteriores. Comunicar con una persona realmente presente, aun cuando no pueda ser vista ni tocada, es algo que satisface el anhelo natural del hombre trascendental. Sin embargo, ese objetivo jamás podrá ser alcanzado por una supuesta comunicación con cualquier otra cosa distinta, llámenla lo absoluto de esto o de aquello. En realidad, no existe más que un Absoluto: Dios. Y Dios es una persona, no una cosa o un concepto filosófico.